quería imitarte
y a cada instante
seguir tu brillo
que me guiaba
a través de las tinieblas
de un mundo que agobiaba
con sus incomprensibles problemas.
Me guiabas con tus pasos,
me enseñabas a ser mejor
siempre estabas a mi cuidado
y me tratabas con amor.
Hoy que estoy crecido
miro muy complacido
todos esos detalles
que me hicieron ser grande.
Cada enseñanza,
cada alegría,
cada añoranza
que día a día
me hacían crecer,
vivir, soñar,
alcanzar tu parecer,
me hacían volar
hacia un futuro mejor,
hacia un mañana de esperanza,
hacia el Señor Creador,
y hacia una nueva semblanza
de su amor Redentor.
A veces hubo regaños,
y momentos complicados,
pero esos extraños tratos
me mantuvieron alejado
de rebeliones sin sentido,
de amargos sinsabores
y me conservaron unido
al Señor de Señores
y a ti papito querido.
Ayúdame siempre a crecer
en los caminos rectos
y a siempre depender
de nuestro Señor eterno.
Gracias por tu amistad
que no puedo describir.
Sólo una cosa puedo decir:
Te amaré por siempre Papá.
Autor:
Jorge Luis González Zúñiga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario